Muy cerca de la Ciudad de San Rafael la imponente cordillera, la atmósfera y la diafanidad del cielo, llevan una marca: El Sosneado “donde primero se ve el sol”.

Una mezcla sorprendente conjuga los más diversos paisajes. Volcanes inactivos, aguas termales, vertientes naturales, donde la naturaleza desbordante se convierte en un paraíso confortable para disfrutar de toda la tranquilidad y libertad de la montaña.

Hacia el sur, por Ruta Nacional 144, a tan sólo treinta y tres kilómetros de iniciado el recorrido, comienza el acceso de la Cuesta de Los terneros, que alcanza una altura máxima de mil metros, para luego descender camino a El Sosneado. En la estribación superior encontramos una ventana natural en la montaña que nos muestra el oasis sanrafaelino en toda su extensión.

El próximo atractivo del circuito son las Salinas del Diamante, un caso único en la región constituido por una mina de sal gigante a cielo abierto ubicada a la vera de la ruta, una región de paisaje patagónico de dos mil quinientas hectáreas, de las cuales mil encierran una producción de sal explotada comercialmente y un “Museo de la Sal” que posee datos históricos y muestras de sales provenientes de salinas de todo el mundo. Allí también pueden adquirirse productos como sales comestibles saborizadas y de baño.

Por la misma ruta siempre, escoltada por la imponente Cordillera de Los Andes, ya a ciento cuarenta y dos kilómetros, aparece el paraje El Sosneado, zona de naturaleza agreste ideal para  desarrollar  actividades al aire libre como trekking, cabalgatas, mountain bike y andinismo superior.

Cabe destacar que antes de ingresar al sendero de montaña, en la ruta existe una estación de servicio, gastronomía, regionales y casa de excursiones.

Mediante un camino consolidado propicio para vehículos altos o camiones que bordea el río Atuel, el visitante se adentra hasta la Laguna El Sosneado, ideal para la pesca y el avistaje de aves,  y continuando unos treinta kilómetros más pueden visualizarse las ruinas de un antiguo Hotel Termal, donde aún se conservas las piletas de aguas termales al aire libre, que a pesar del paso del tiempo mantienen  sus propiedades  curativas.

Ya en plena Cordillera de Los Andes se levanta majestuoso con sus glaciares eternos el Volcán Overo y la Laguna del Atuel, que junto con las Cataratas del Atuel conforman un entorno paisajístico de extraordinaria belleza y que constituyen la naciente al Río Atuel. A este último  tramo del circuito sólo se accede a caballo por lo que frecuentemente se realizan expediciones a través de la montaña para llegar a ellas.